Y ese mar que tranquilo te baña, te promete futuro esplendor

Abril 10, 2025

Por Bárbara Achondo, @mibistec.cl

Cuán equivocado y cuánta razón tenía EusebioLillo cuando escribió estas reconocidas frases del himno nacional. Lo del mar tranquilo, la verdad es que vaya a saber uno dónde será que lo vio así, pero lo del futuro esplendor ya en ese entonces tenía tintes de profecía. Basta solo con mirar el océano que baña las costas chilenas, para maravillarse de las riquezas que tiene para ofrecer y, si somos curiosos, gozadores y creativos, elucubrar qué otras delicias tendrá escondidas a la espera de ser descubiertas.

Ciertamente que cuando hablamos de riquezas, no nos referimos a tesoros como el oro o el petróleo, tan de moda en los últimos siglos. El mar chileno, promete otro tipo de esplendores, en la forma de delicias y manjares, esos que aún no hemos terminado a conocer o empezado a descubrir. Tesoros gastronómicos, alimentados por la bendita corriente de Humboldt que hace que este mar nos hiele los pies incluso en verano, costo más que razonable cuando se trata de traer el mejor alimento para nuestros peces y mariscos.

Lo más curioso de todo es que aun cuando tenemos un mar tan rico, nos cuesta darnos cuenta, y, de paso, comunicárselo al mundo. Tenemos de todo para ser reconocidos en cualquier rincón del planeta por nuestros pescados y mariscos, como lo es la comida vietnamita, la china o la peruana. Podemos incluso decir que, gracias a la corriente de Humboldt, tenemos los mejores mariscos del planeta (aunque pequemos de chauvinistas). Pero no lo estamos haciendo. Todavía no creemos que realmente tengamos algo tan valioso para ofrecer. ¿Qué es lo que nos falta?

Mientras le doy vueltas a esta pregunta, leo las entrevistas, testimonios y recetas que trae este libro, y si la anterior publicación de Musels y CEAZA nos transportó a las frías y lluviosas tierras chilotas, en este nuevo aporte al rescate culinario y cultural chileno, nos lleva al corazón de las familias costeras de Tongoy, una pequeña bahía ubicada en la Región de Coquimbo. Y sufro. Sufro imaginando ese Perol de Loco que preparaba el papá de Teresa Vega para agasajar a sus invitados. ¡Qué honor ser uno de ellos! O imaginando la olla de sofrito de la mamá de Hilda Salfate, mientras se alistaba para hacer unos tallarines con ostión. El olor a ajo, cebolla y pimentón, el chorrito de vino blanco, la crema de leche y los ostiones. Una mezcla sencilla, pero que transmite vívidamente los sabores y olores que los chilenos disfrutamos en nuestras casas.

Casas como las de Teresa, Hilda y Ana Santander. Hogares de familias que han construido sus vidas en torno a las delicias del mar. Mujeres, cocineros, mariscadores y pescadores. Todos conocedores de su mar, sus productos y sus riquezas, conservadores de una tradición que este libro ayuda a fomentar y conservar. Pero por sobre todo, personas orgullosas de nuestras costas y sus tesoros. Hombres y mujeres que nos aportan eso que como país todavía nos falta: el orgullo de saber que lo que tenemos vale, y mucho.

Este libro, nos entrega más que historias de las familias de la caleta de Tongoy. En sus páginas nos regala la fortuna de saber, de ver esa riqueza pasada, que también es actual y, si estamos dispuestos a abrazarla y aventurarnos a descubrirla, será riqueza futura.

Nos regala un poco de ese orgullo de ser de Tongoy, de ser de la caleta, de tener el mar bañando nuestros pies. Porque aunque ya parezca majadería, somos ricos.

Perdón, millonarios. 

Imagen de comomegusta.cl

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