La comida de un lugar y su gente han evolucionado en forma paralela, propendiendo a la satisfacción no sólo del aporte en calorías sanas para la actividad y longevidad, sino que del bienestar de las personas. Es lo que se denomina co-evolución.
En el caso de la cocina chilena, los productos locales disponibles se preparan para sacar el mejor provecho en cuanto a nutrientes y el sabor que permite que la gente quiera comerlos.
Es por ello que la cocina chilena (así como la peruana para los peruanos, la venezolana para los venezolanos y así sucesivamente) es la manifestación de esa evolución paralela entre las comidas y la gente del lugar, sazonada con la incorporación de las sucesivas inmigraciones que aportan riqueza al menú local, no sólo por los productos, sino que por las preparaciones que se han ido incorporando a la mesa nacional.
Eduardo Escaffi