Hay que celebrarla porque es la propia. Porque está conectada con nuestra historia , nuestros recuerdos y sabemos, incluso antes de las magdalenas de Proust, que nada evoca mejor el pasado y la infancia que los aromas y sabores.
Los productos que nos son propios son maravillosos, los del mar únicos por la frialdad de nuestro mar y las frutas son, ciertamente, de las mejores del mundo, porque maduran lentamente gracias a días calientes y noches frías.
Además es rica, sabrosa, es sana y en general… ¡No engorda !
Lucía Santa Cruz