El origen del navegado chileno se remonta a las tradiciones campesinas del sur de Chile, donde el vino tinto se calentaba con cáscaras de naranja, clavo de olor, canela y azúcar para combatir el frío invernal. Algunos indican que está inspirado en bebidas europeas como el glühwein alemán, y que este vino caliente fue adaptado al gusto criollo, transformándose en un clásico de las cocinas rurales durante las festividades y las veladas familiares.
Además se indica que su nombre proviene del movimiento constante que se le da al vino mientras se calienta: se “navega” dentro de la olla con una cuchara de madera, permitiendo que las especias suelten todo su aroma y sabor. Así, el navegado reconforta el cuerpo y también guarda en su esencia siglos de costumbre, fogones encendidos y el alma del campo chileno.
Imagen de Daily Foods.