En un contexto donde el cambio climático redefine profundamente el futuro del vino a nivel mundial, Miguel Torres Chile continúa fortaleciendo su trabajo en medición y gestión ambiental, entendiendo que producir vino hoy implica también asumir una responsabilidad activa con el territorio, los recursos y, en especial, con las generaciones futuras.
La bodega familiar del Valle de Curicó acaba de concluir su auditoría de verificación externa de huella de carbono realizada por la empresa LRQA, obteniendo nuevos resultados respecto de su año base 2018. En el reporte, las cifras reflejan una disminución del 30% en el valor total medido y de 22% en intensidad de emisiones, indicador que considera los kilos de CO₂ equivalente emitidos por botella o litro de vino producido.
Pero más allá de los números, desde la Miguel Torres Chile destacan el valor de la medición constante como herramienta para comprender mejor el impacto de la actividad vitivinícola y orientar decisiones futuras en un escenario donde producir vino será cada vez más desafiante.