En el competitivo mercado global del vino, ya no basta con producir calidad: hoy, la forma en que se produce es tan relevante como el resultado final.
En Chile, esta transformación ha tomado forma a través de la certificación del Código de Sustentabilidad del sector vitivinícola, un estándar que ha pasado de ser una iniciativa voluntaria a convertirse en un eje estratégico para la industria.
Y si hay un territorio donde este cambio se expresa con fuerza, es el Valle de Colchagua, donde diversas viñas han asumido un rol activo en la implementación y profundización de estas prácticas.
Creado en 2011, el Código de Sustentabilidad del Vino Chileno busca guiar a las viñas hacia una producción responsable en tres dimensiones: ambiental, social y productiva. Se trata de un sistema exigente que no sólo evalúa prácticas, sino que instala una lógica de mejora continua.